El roble

El roble me enseñó

A recibir la vida con los brazos abiertos

A desnudarme sin prisa y no temer al frío

A dejarme trepar y habitar por otros cuerpos

Menudos a veces, peligrosos incluso.

En las turbias mañanas de Noviembre,

cuando pensaba que no volvería nunca a brotar.

Adormecido, encapsulado, aplastado por un cielo de acero gris

El roble me enseñó a recibir los golpes con los brazos abiertos

Que son el viento, que también mece, y se filtra, como la vida

y me sostuvo hasta pasado el invierno,

brotó como cuando rompes un silencio,

se pobló y adornó con las miradas de los otros,

enraizó más aún, el roble me enseñó,

a apretar la tierra,

que es la fuente.